Me gustabas

Me gustaba que redujeras la velocidad para poder hablar mejor y mirarme. Y que nos quedáramos sentados en el coche hablando, contándonos las vidas sin prisa. Me gustaba gustarte. Me gustaba saber que las despedidas se hacían eternas por no querer dejar de comernos a besos. Y me gustaban tus bromas, tus abrazos. Me gustaba compartir aficiones contigo, que entendieras mis proyectos, que te interesaras por lo que hacía desde el minuto uno.  Me gustabas porque apareciste sin esperarlo y parecías diferente. Me gustabas porque eras normal, o al menos lo parecías, pero de esa normalidad que llena, que enamora, que no es impostada. Me gustaba tu claridad. Me gustaba que estuvieras tan contento con tu vida profesional y que tuvieras proyectos que te hacían soñar y me hacía sentir importante que me preguntaras mi opinión. Me gustabas mucho, más de lo que realmente pensé que llegarías a gustarme. Lo sé por ese vuelco que me dió el corazón al volver a verte. Y porque las lágrimas han brotado a la segunda frase de este texto. Me gustabas mucho, mucho. Quizás por eso no entendí el silencio y la cobardía de tu desaparición. Aún me sigo preguntando que fue  lo  que te hizo huir de esa forma y si hubiera sido mejor una mentira piadosa que la tortura de no saber.

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    S.E.

    Estimada M.F.L., es la primera vez que puedo introducirme dentro de su ser. Había imaginado en otras ocasiones cómo sería una persona como vd, cómo sentiría o cómo latiría su corazón. Su confesión de gordibella es emotiva. Por la manera de expresarse, tanto en sus manuscritos como en sus fotografías podía intuir una persona sencilla, divertida y también sensible. Ésto último lo demuestra en su confesión, emotiva, pero también valiente. Es muy difícil reconocer nuestras debilidades, y más si tenemos que hacerlo en público.

    Tanto si está intentando dejar atrás sus obstáculos del pasado, como si lo que desea es poder sincerarse consigo misma y reconocer que sus heridas siguen vigentes, desde aquí le animo a que piense que la vida es como un mar, va y viene, sus mareas se entrelazan y después de una llegará otra, mejor si cabe a nuestras vidas. No hay que plantarse en el presente si éste nos hace daño, sólo si es para vivirlo intensamente.

    Si me lo permite, déjeme compartirle un escrito de Paul Bowes que he traducido para vd:

    “Como no sabemos cuando vamos a morir, llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede solo un cierto número de veces y no demasiadas. ¿En cuantas ocasiones te vendrá a la memoria aquella tarde de tu infancia? Una tarde que ha marcado el resto de tu existencia. Una tarde tan importante que ni siquiera puedes concebir tu vida sin ella. Quizás cuatro o cinco veces, quizás ni siquiera eso y ¿cuantas veces más contemplarás la luna llena? Quizás veinte. Y sin embargo, todo parece ilimitado”.

    Confesor, S.E.

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      Macarena

      Estimado S.E, aún a riesgo de ser algo más vulnerable, me apetece escribir de mis sentimientos, de mi vida, que se conozca algo más de mí. Si bien estos posts no los anuncio en las redes, espero que el asiduo lector los encuentre, le gusten y se queden. La metáfora del mar es bastante acertada puesto que la persona en cuestión, apareció un día, muy cerca del mar e hizo que revivieran en mí sentimientos que creía haber superado. Y como una forma de analaizarlo y también exorcizarlo, escribí esto y decidí que iba a empezar a publicar post de este tipo. Si le gustan o si quiere que escriba sobre una temática determinada, hagámelo saber. Un abrazo, Macarena FL

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