El vestido negro

Esta no es una entrada sobre moda. O al menos no exclusivamente. Esta es la historia de un vestido. Y de lo que provoca. De lo que ya ha provocado. Del daño que pueden hacer unas palabras, un comentario.

Me había pensado bastante si escribirla o no, pero tras los mensajes que recibí ayer (si habéis visto mis redes sociales, lo sabréis), era una necesidad escribirlo.

Hace relativamente poco he tenido que volver a vivir a casa de mis padres y por temas de espacio (y porque era necesario) he hecho grandes limpiezas de armario. Al fin he decidido donar o vender ropa de cuando estaba mucho más delgada. Y entre esas cosas estaba el vestido que hoy corona este post.

Es un vestido negro, de tirantas, ajustado con un cutout en la espalda que forma un nudo. Es el clásico vestido negro arreglado que puede salvarte de muchos apuros. Recuerdo perfectamente que me lo compré para una fiesta de cumpleaños elegante que tuve durante la carrera. Es de Mango y aunque no tiene nada de especial, me encantaba. Me gustaba porque en esa época la moda ya era una gran pasión en mi vida y había empezado a comprarme este tipo de prendas que antes no había en mi armario. Y también me gustaba porque era de los primeros vestidos ajustados que me atrevía a ponerme.

Reviso las fotos de las dos únicas ocasiones en los que llegué a ponérmelo (el cumpleaños y una boda) y me veo pibón. Tenía tipazo, con curvas, cintura marcada y sí, algo de barriguita, pero me gusta lo que veo. Sin embargo, puedo recordar con exactitud lo mal que me sentía, lo que odiaba mi cuerpo, los comentarios de gente cercana que recibí, que no eran precisamente constructivos.

Han sido esos comentarios, pero sobre todo yo, que permití que me afectaran y no me hice fuerte, los que me han hecho como soy. Esos comentarios (y muchas otras cosas, por supuesto) los que han provocado que odiara un cuerpo que no tenía nada de malo y han terminado causando estragos a nivel psicológico. Han causado un transtorno de alimentación y una autoestima inexistente.

Afortunadamente, eso ha ido cambiando y cada vez soy más fuerte. Ayer lloré mucho: mientras recibía los mensajes, mientras la gente me apoyaba y mientras escribía esto. Lloré porque volví a sentirme pequeñita, volví a ser la niña que insultaban en el cole porque estaba gorda y su padre era el profe (dos grandes crímenes). Y no me gustó volver a sentirme así. Lloré porque me sentí incomprendida. Pero también lloré porque me sentí afortunada; porque ví como muchos muchos conocidos y auténticos desconocidos me apoyaban. Pero os aseguro que el mejor apoyo que se puede tener es uno mismo, una buena autoestima, fortaleza e incluso sentido del humor. Por eso y volviendo a la moda, tu autoestima, debe ser como un vestido negro, un básico que siempre te salva de cualquier situación.

2 Comments

Add Yours
  1. 1
    Carmen Perez

    Ole mi reina bella. Lo que importa es lo que tu piensas de ti misma, todo lo demas es relatibo.
    Quierete por encima de todo, y no te sientas mal por tener debilidades. Reconocelas y centrate en tus fortalezas para construir esa autoestima increbrantable, ese báico de fonde de armario que siempre tienes que llebar puesto. ?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *